viernes, 30 de junio de 2017

A 43 años de que el general Perón se despidiera del pueblo

Osvaldo Riganti—
Las tensiones que se venían incubando en uno de los movimientos de masas más grande que haya tenido Latinoamérica hicieron eclosión el 1º de mayo de 1974. Ese día, ante expresiones de hostilidad de un sector de la concurrencia que se identificaba con banderas de la J.P. Regionales y Montoneros, quedó como el día en que Perón “echó a los Montos de la Plaza”. El resto de la concurrencia cantó “¡Conformes, General!” El había asumido el día en que se dirigió a la concurrencia desde los históricos balcones de la Casa Rosada al inicio de su tercer y último mandato, con el compromiso de “estar todos los 1º de mayo aquí, preguntándole al pueblo si está conforme con mi gobierno, siguiendo una vieja consigna peronista”.

Vinieron días tumultuosos. Los enfrentamientos en el seno del peronismo tenían en vilo a  la ciudadanía.
El 11 de junio la vicepresidenta apareció por radio y TV. Atacó a los especuladores, calificándolos de “clase inmoral carente de sensibilidad social” y a quienes demagógicamente impulsaban reivindicaciones que no podían ser atendidas. Aparecía como siempre en el medio López Rega afirmando. “Si Perón se va, también lo hará la señora vicepresidente y este humilde servidor”. Esto aumentó la zozobra. “Si se va Perón viene una guerra civil” decían algunos burgueses asustados.
La mañana del 12 de junio el general pronunció desde el Salón Blanco de la Presidencia un enérgico mensaje por la cadena nacional. Denunció a los “diarios oligarcas” y el problema de “la escasez y el mercado negro” en forma paralela a conflictos que consideraba provocados deliberadamente. “No hay que olvidar que los enemigos están preocupados por nuestras  conquistas, no por nuestros problemas” subrayó. “A todo esto se suma la fiebre de la sucesión de los que no comprenden que el único sucesor de Perón será el pueblo argentino que, en último análisis será quien deberá decidir” subrayó
Advirtió que habían pasado “los días de exclamar “la vida por Perón”, exhortando a un “trabajo honrado y permanente”, fustigando “este sabotaje de pigmeos que no han llegado a comprender que los innegables éxitos de nuestra política exterior”. Terminó advirtiendo que, sin un apoyo masivo a su acción de gobierno estaba dispuesto a alejarse de su cargo.
Inmediatamente la CGT y las 62 decretaron un paro y la gente en forma espontánea –aparte de las columnas que movilizaron los sindicatos— se volcó a la histórica plaza. El desconcierto se había apoderado del país y la población salió decididamente a la calle. Se destacaban gruesas columnas que venían de la provincia de Buenos Aires al grito de “Si se va Perón, habrá revolución"
Hubo una masiva presencia de partidarios del líder que nos largamos por su cuenta, al igual que una nutrida marcha de trabajadores nucleados en sindicatos. Los Montoneros no estuvieron. Perón los había virtualmente expulsado casi un mes y medio atrás y mientras decidían lo que debían hacer, la gente se volcó a la calle.
Fue amplio el apoyo de sectores de centroizquierda como el PI y de izquierda como el PC y el FIP.
Alende señaló que el presidente “ha señalado con claridad la actitud disolvente y antipatriótica de la oligarquía, el PC afirmó que Perón había puesto “de relieve la magnitud de la amenaza de la extrema derecha oligárquica imperialista contra la estabilidad institucional”, el partido de Ramos elogió las “Iniciativas progresistas del Gobierno contra los avances de la oligarquía pro imperialista”.
A requerimiento de una concentración popular de magnitud Perón se trasladó desde Olivos en compañía de Isabel hasta los históricos balcones, donde comenzó a hablar poco después de las 17  en un clásico día frío de junio Ante una ovación estremecedora apareció ante el pueblo movilizado, vistiendo su abrigo que había popularizado en los inviernos españoles.
Pronunció un emocionante discurso (en medio del cual resonaron gritos como “Y pegue, y pegue, y pegue Pocho pegue”, “Que se quede, que se quede”), refirmando sus postulados. “Cada uno de nosotros debe ser un predicador y un agente de vigilancia y control para poder realizar la tarea y neutralizar lo negativo que tienen los sectores que todavía no han comprendido pero tendrán que comprender”. Pero algunos sectores no comprenderían, aprovechando que el caudillo fallecía menos de 20 días después.
Se había despedido cerrando su discurso diciendo: “Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que para mí es la palabra del pueblo argentino”. La CGT pedía a través de su máximo dirigente Adelino Romero que sus afiliados no compraran “Clarín” “por ser contrario a los intereses de la  clase trabajadora”.
Perón enfermó días después y el 1º de julio “un gran silencio descendió sobre la patria” como apuntó Abelardo Ramos en “Historia del Peronismo”.

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