miércoles, 15 de noviembre de 2017

A cuarenta y cinco años de Bobby campeón (tercera parte)

Por el profesor José Pecora—
En la nota anterior, pudimos apreciar que Bobby Fischer tenía una personalidad muy particular, que le hacía ver las cosas de una manera diferente del resto de los mortales. Tenía un sentido de la justicia en relación a las cuestiones deportivas en las que se veía involucrado, que generalmente chocaban con las reglas y normas impuestas por los organizadores de los torneos y competencias, y esto le ocasionaba conflictos.  Estos inconvenientes que se planteaban, Bobby los solucionaba casi siempre de la misma forma: haciendo abandono de la competición.
Como su participación era seguida con mucha avidez por los aficionados de todo el mundo, los organizadores trataban de satisfacer sus demandas para intentar dejarlo conforme, pero muchas veces, sus exigencias eran de imposible cumplimiento.   
Luego del abandono del torneo interzonal de Sousse, en Túnez, (ver nota anterior de unoytres) al año siguiente, 1968, viajó a Europa para jugar un par torneos que ganó con facilidad, sin perder una sola partida.
Foto familiar, junto a su hermana Joan y su sobrina Elizabeth
Después acudió con la selección estadounidense a la Olimpiada de Ajedrez de Lugano, Suiza, pero no tardó en volver a convertirse en protagonista de la polémica. Se empeñó en que las cámaras no deberían filmarlo sin abonarle a cambio una cantidad de dinero en concepto de derechos de imagen. Como su demanda no fue aceptada, se marchó dejando al equipo de los Estados Unidos abandonado a su suerte. Estos, sin Bobby, finalizaron en cuarto lugar, pero si él hubiera estado, podrían haber aspirado a obtener el título.
Analizando  en el subte. Salvo para quien tomó la foto, los pasajeros no se percataron de su presencia
Esta retirada, fue el comienzo de un largo período de alejamiento de las contiendas ajedrecísticas pues durante 1969 no participó en ninguna. Lo más grave fue que al no jugar el campeonato de los Estados Unidos, quedaba sin la posibilidad de participar en el interzonal del año siguiente para reiniciar su lucha por el título ecuménico, ya que este torneo otorgaba tres plazas.
Sin embargo, los integrantes de la federación estadounidense no se dieron por vencidos y buscaron de todas formas algún artilugio en los reglamentos para que Fischer pudiera participar, ya que lo veían como la única persona capaz de obtener el título. Y encontraron la solución. El reglamento decía que se clasificaban los tres primeros, pero dejaba a criterio de la Federación que si uno de los clasificados no se presentaba a jugar, podía designar un suplente. Por supuesto que era muy difícil que alguien que se había clasificado decidiera no ir a jugar. Sin embargo eso lo resolvieron con dinero. Le ofrecieron una importante suma al maestro Pal Benko, que aceptó y formalmente anunció que por razones particulares desistía de participar en la selección mundial, dejando libre la vacante para Fischer. Consultaron con la FIDE, que consideró la jugada completamente legal, gracias a lo cual Bobby pudo jugar en Palma de Mallorca en 1970, para recomenzar su batalla.
Bobby estudiando en su habitación. Curioso detalle de cómo está iluminada 
El año 1970 empezó con un gran desafío por equipos: el match  “URSS contra el resto del mundo”, que sería muy seguido por la prensa internacional. Todos los comentaristas daban por hecho que Fischer ocuparía el primer tablero de la selección “resto del mundo”, siendo como era el mejor jugador no soviético. Pero el danés Bent Larsen hizo notar que él había ganado más torneos en tiempos recientes, ya que el norteamericano  había jugado muy poco en 1968 y ni una sola vez en todo 1969. Así pues, estando a punto de empezar el match, Larsen reclamó ser primer tablero del equipo. 
Como tal petición no era disparatada, los organizadores del encuentro decidieron hacer lugar a la misma y, temerosos, se lo fueron a comunicar a Fischer, pensando que no iba a aceptar. Sin embargo, Bobby no lo tomó a mal y simplemente preguntó si iba a ganar el mismo dinero. Como le dijeron que si, aceptó ser el segundo tablero.
Si bien el equipo de occidente hizo un buen papel, los soviéticos debido a su gran poderío consiguieron imponerse. Luego de este encuentro, se disputó el denominado campeonato mundial de ajedrez relámpago, con partidas a 5 minutos. Como candidato a ganarlo sonaba el soviético Mijail Tal, pero Fischer dio la sorpresa venciendo por amplia ventaja, (4,5 puntos sobre el segundo) y sacó 19 puntos sobre 22 posibles.
Bobby rodeado de niños en una plaza de Buenos Aires
Volviendo al ajedrez convencional, Fischer venció con autoridad y sin perder ninguna partida en el torneo de Buenos Aires. También ganó otro torneo, todavía más exigente, en Zagreb, y aunque allí sí perdió una partida, la aureola de casi imbatible se estaba solidificando en torno a él. Después retornó con la selección estadounidense para jugar la nueva Olimpiada de Ajedrez, en Siegen, Alemania. 
Esta vez jugó hasta el final y perdió una difícil partida frente al campeón del mundo Boris Spassky, lo que les dio a los soviéticos mucha confianza, pensando en que si el desafiante fuera Bobby, no iba a inquietar al campeón.  
La venganza sobre Larsen vino al año siguiente cuando, después de participar en el torneo interzonal, tuvieron que enfrentarse en los matches de candidatos eliminatorios para la conquista del título, donde el estadounidense le ganó 6 a 0. Previamente, Bobby le había ganado también 6 a 0 al soviético Marc Taimanov.
Junto al danés Bent Larsen jugando en “una torta” con piezas de chocolate
A Fischer le agradaba mucho Buenos Aires y su gente, por lo que se puso contento cuando tuvo que enfrentar al ex campeón mundial, el soviético Tigran Petrosian y esta ciudad resultó elegida como sede del encuentro. Fue increíble que Buenos Aires saliera seleccionada, ya que ofrecía una bolsa de 12.000 dólares, la oferta mayor. A partir de entonces, los valores que entró a manejar Fischer para participar se incrementaron en forma exponencial.
Bobby saluda a Petrosian, ante la atenta mirada del ex ministro de Bienestar Social, Francisco Manrique.
Fue así que con su amplio triunfo también ante Petrosian, Bobby quedó en condiciones de retar al campeón mundial.  Como ya hemos mencionado en la nota anterior, el campeonato mundial de ajedrez de 1972 fue el acontecimiento deportivo más trascendente de todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI. Generó mayor atención periodística que cualquier otro evento, incluidos los juegos olímpicos o el mundial de fútbol. Su significación política sobrepasó todo lo que hasta entonces podía imaginarse en una competición deportiva. Incluso las cúpulas gobernantes de las dos grandes superpotencias seguían tal acontecimiento al minuto. Medios de todo el planeta, ávidos de capturar cualquier detalle, se presentaron en Reikiavik, la pequeña capital de Islandia, país elegido para el encuentro.
Estando el match por la corona mundial a punto de comenzar, Fischer todavía no había tomado ningún avión con dirección a Islandia. Por enésima vez, su presencia en un momento histórico pendía de un hilo. A través de sus abogados expresó el deseo de obtener más dinero. El mundo entero contempló pasmado su actitud aparentemente fría y calculadora. Estaba por comenzar el acontecimiento deportivo del siglo y uno de los protagonistas no había hecho acto de presencia. 
Mientras todos le esperan en Reikiavik, Fischer había comunicado que la bolsa económica propuesta (125.000 dólares de la época, unos 600.000 euros actuales, a repartir entre ambos contendientes) le parecía insuficiente. Quería más, o no jugaría. También reclamó un porcentaje sobre los derechos televisivos y la recaudación por la venta de entradas.
La ceremonia de inauguración se celebró sin él. Nadie se atrevía a asegurar que habría una final.
Pero el 3 de julio, dos días después del acto de presentación, al que no se había molestado en acudir, un magnate británico llamado James Slater ofreció medio millón de libras, de su bolsillo, para aumentar la bolsa del premio, diciendo que por una cuestión de dinero, Bobby no podía privar al mundo de este encuentro.
Jim Slater, millonario británico que con su dinero hizo posible la participación de Fischer en el mundial
Solucionado este tema, Fischer viajó a Islandia y pudo comenzar el match. La primera partida se fue desarrollando hacia unas tablas tranquilas, hasta el momento en que Fischer siente que le molesta el ruido de las cámaras de filmación y pide que retiren. Las autoridades del torneo se niegan porque habían firmado un contrato con la Fox y lo debían cumplir. Fischer, quizás nervioso o afectado por lo sucedido, hace un sacrificio erróneo y pierde la partida.
Como no accedieron a su solicitud de retiro de las cámaras, Bobby no se presentó a jugar la segunda partida, que se la dieron perdida por ausencia, luego de esperar Spassky los 60 minutos reglamentarios, con lo que el match se puso 2 a 0 a favor del campeón y todo el mundo ya pensaba que Bobby se retiraría del torneo.
La silla vacía. Boris espera en vano la llegada del retador
En la Casa Blanca se quedaron tan preocupados por esto que el presidente Richard Nixon le ordenó al entonces secretario de seguridad, Henry Kissinger, (posteriormente, desde 1973, fue secretario de estado hasta 1977) para que telefonee personalmente a Fischer y lo persuada para continuar defendiendo el honor patrio frente a la URSS. La Casa Blanca no quería que Fischer abandone. Cuentan que la llamada telefónica impresionó a Fischer, quien supuestamente finalizó la conversación en tono casi marcial respondiendo un «sí, señor» a las exhortaciones del astuto y convincente Kissinger. Sea como fuere, el genio de Brooklyn decidió quedarse en Islandia pero, eso sí, continuaba negándose a jugar en presencia de aquellas cámaras.
Henry Kissinger, político y funcionario muy influyente durante la presidencia de Richard Nixon
Entonces los organizadores llamaron a un experto en acústica de la Universidad de Reikiavik para que midiese las emisiones de ruido de dichos aparatos. El experto midió el sonido con sus instrumentos y concluyó que difícilmente podría molestar a Fischer, que no era posible que lo distrajese del juego. La organización, pues, siguió negándose a retirarlas, lo cual significaría renunciar a valiosísimo material gráfico del acontecimiento. A cambio, Bobby exigió jugar la tercera partida en otro escenario, en una habitación aislada.
Los miembros de la delegación soviética le aconsejaron a Spassky que se negase a jugar aquella tercera partida bajo las condiciones marcadas por Fischer. Le indicaron que abandonase el campeonato y regresara a la URSS, dado que el estadounidense estaba desbaratando el torneo con sus irracionales exigencias. Si Spassky se marchaba, la FIDE difícilmente se atrevería a quitarle el título porque había sido Fischer quien se había negado a jugar en condiciones normales. Quizás por un exceso de confianza o porque el encuentro ya estaba 2 a 0, Spassky no aceptó el consejo de sus asesores y decidió jugar en las condiciones pedidas por el desafiante. Fischer ganó la tercera partida y el campeón comenzó a verse influenciado psicológicamente, cosa que afectó su posterior rendimiento. En 5 partidas Bobby consiguió igualar el match en 2,5 puntos y en la sexta partida dio una lección magistral, logrando una victoria excelente, que hizo que el público por primera vez lo ovacionara, admirando su genialidad.     
El encuentro pactado a 24 partidas continuó con Bobby siempre adelante y finalizó antes de tiempo, ya que la ventaja de Bobby era inalcanzable, proclamándose como nuevo campeón mundial en la partida vigésimo primera.
Facsímile del diario Los Ángeles Times cuando Bobby se proclamó campeón mundial
Fischer fue recibido en su país como un héroe nacional. Había obtenido una victoria para su país y para Occidente en bloque, una victoria de un tipo que ningún otro individuo había logrado. Su hazaña había adquirido una dimensión titánica a ojos del público.  Los políticos se matan por fotografiarse con él, se le invita a los programas de TV de más audiencia, las empresas lo tentaron con suculentos contratos publicitarios, que rechazó, y la federación estadounidense de ajedrez registraron un récord absoluto de inscripciones a raíz del título conseguido por el genio de Brooklyn.
Una muestra de esto fue la presencia de Bobby en el show de Bob Hope.
Finalizado el momento de gloria, veintidós meses después, Bobby Fischer sería despojado del título por no presentarse a jugar contra el nuevo aspirante, el joven ruso Anatoly Karpov, porque como de costumbre Fischer quiso cambiar nuevamente las reglas de juego y esto no fue aceptado. El gran público no volvió  a saber nada de él durante veinte años, fecha en la que se produjo su reaparición para enfrentarse nuevamente en un match contra Boris Spassky, de tipo amistoso, que ganó con mucha facilidad.
Como sus últimos años fueron muy controvertidos, dejaremos eso para hablar en otra oportunidad, recordándolo ahora solamente como el gran campeón que fue. 

2 comentarios:

  1. Querido Profesor: estas tres notas sobre el campeón norteamericano, creo que de todas sus presentaciones que son coleccionables,esta fué la mejor por la trascendencia de la trayectoria y personalidad del campeón y por el match que le dió la corona mundial,siendo el acontecimiento deportivo mas trascendental del siglo 20 y lo que va del nuestro. Minuciosa descripción de su vda familiar y deportiva. gracias por tan buena historia del ajedrez.Un abrazo.

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    1. Muchas gracias Pedrin. Sos muy generoso con tus conceptos

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