jueves, 30 de junio de 2016

NOTAS*

Mario Méndez—
          
  Julito:
                      la comida está en el horno, calentala y comé bien. Ya te firmé el boletín; está muy mal, si lo veo a tu padre le voy a hablar, no puede ser que te vaya así. Vuelvo tarde, chau, un  beso.
                                                                           mamá.

             Mami:
                        la comida estaba pegada, comí poco. El boletín no está tan mal. Solo tengo dos insuficientes, los otros dos están bien. Se me descosió el saco. ¿Qué hago?
                                                                            Un beso, Julito.

            Nene:
                       ¿Siempre lo mismo, vos? ¿Vas a la escuela o a la guerra? Hoy andate así, a la salida te vas derecho a lo de tía Blanca que va a cocinar ñoquis y de paso le pedís que te cosa el saco. Otra cosa: andá a verlo a papá y decile que tengo que hablar con él, vino la cuenta de la luz y yo ya me quedé sin plata. No te olvidés.
                                                                            Chau, mamá.

            Mamá:
                        fui a la oficina pero papá no estaba, los muchachos me dijeron que hace casi una semana que no aparece y se rieron. Te olvidaste de dejarme la cena, despertame cuando vuelvas que me acosté con hambre.
                                                                            Julio.

            Julito:     
                       anoche estabas muy dormido y no te quise despertar. Te compré dulce de leche para el desayuno, no te lo comas todo. Voy a llamar a papá a ver que te dijeron.
                                                                            Mamá.                                                   

            Hijo:
                     estoy muy enojada con vos, no puede ser que me mientas así. Los muchachos de la oficina te dijeron que tu padre había salido y nada más: el resto es invento tuyo. Después del colegio andá para allá que papá va a almorzar con vos, yo ya pedí que le avisaran. Ya sabés: entre las doce y la una, así que apenas salgas del colegio te vas, no te entretengas por ahí.
                                                                           Tu madre.
           Mamá:
                        fui otra vez a la oficina, a las doce y media como vos dijiste y otra vez me dijeron riéndose que papá se borró, que se las tomó por ahí y se reían mucho. Yo me vine corriendo y me parece que lloré.
                        Ah, como no había nada para comer me comí la torta que tenías para tu reunión del do­mingo. ¿Me perdonás?
                                                                           Julio.

            Julio:
                      ¿Qué es eso de “se borró” y “se las tomó”? ¿Desde cuando le hablás así a tu madre? Hablé con Hugo y me dijo que vos llegaste y tu padre no estaba y por eso te fuiste, no sé que te ha dado por mentir, ahora. Decí que Hugo es un hombre muy bueno y me contó, si no capaz que te creía. Otra cosita: no te perdono nada. ¿Acaso no podías hacerte un huevo duro o pedirle fiambre fiado a Olga para hacerte un sánguche? Es lo único que me faltaba, tener que llegar a casa y ponerme a hacer otra torta. Que no se repita. Para el al­muerzo tenés unas salchichas, cocinalas, no te las vayas a comer crudas como la otra vez, porque me voy a enojar mucho.

            Sr.:
                   Hace dos días que no tengo notitas de mamá y sin las notas me siento muy solo, ¿vio? Fui el otro día al trabajo de mi madre y las compañeras me dijeron que estaba como loca por lo de papá (yo no sé qué es lo de papá) y que había ido a un doctor, pero no de los que curan, de los otros. También me dijeron que con Hugo fueron a buscar a papi y que me quedara tranquilo, pero no puedo: si no me dejan una nota, ¿cómo voy a saber que hacer?
                  Así que por eso me quería ir, por allá voy a estar mejor. ¿Usted no cree? Yo espero que sí. Ah, me olvidaba, si cuando me descuelgan les da hambre, en el horno hay comida para calentar.


*Este es un cuento de su etapa juvenil, que Mario M. Méndez escribió a los 19 años, cuando cursaba el Primer año de Letras en la Universidad Nacional de Mar del Plata, y que presentó a un concurso en el que obtuvo una mención. “Se podría decir que acá comenzó mi historia de escritor”, comenta. 

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