martes, 28 de febrero de 2017

60 años del Sudamericano de Lima, el de Rossi, Maschio, Angelillo y Sívori

Osvaldo Riganti—
Hace 60 años Argentina integró un equipo cuya preparación revestía las características de la improvisación con que se daban las cosas en aquellos tiempos —algo que en nuestro fútbol pareciera no haber cambiado demasiado— a pesar de lo cual conformó el, para muchos, mejor seleccionado de la historia.
Perú fue en 1957 el escenario de aquel despliegue casi sin parangón. La faz preparatoria, breve y desordenada, tuvo lugar en medio del malestar popular por las actuaciones del representativo nacional en amistosos y prácticas, algo que no casualmente ha signado otras importantes actuaciones.
La delegación marchó hacia allá vestida de manera inadecuada y donde hasta el capitán Dellacha no tenía una identificación que lo identificara durante la ceremonia inaugural.
Argentina le ganó en el primer partido a Colombia 8-2, y siguió arrasando: a Ecuador 3-0, a Uruguay 4-0, a Chile 6-2
Llegó el partido decisivo con Brasil, que disputaba cabeza a cabeza con nuestro equipo el título. En los primeros minutos su principal figura, Didí, le hizo 3 humillantes “caños” al caudillo del equipo, Néstor Rossi. La advertencia del que quedó consagrado en ese certamen como “La Voz de América” no se hizo esperar”. A la próxima que me cargás así te rompo una pierna”. No andaba con chiquitas. Su  excesiva reciedumbre había truncado en el fútbol doméstico la carrera de un célebre Nº 9 de Lanús, “Poncho Negro” Cejas.  Didi se atemorizó. Su juego se diluyó jugando contra un lateral, casi ajeno al desarrollo del partido. Rossi con su personalidad y calidad (la que llevó a considerar al ex presidente de River Plate, Alfredo Davicce, que fue el mejor jugador que vio en su vida) copó la parada y el accionar demoledor de una delantera como muy pocas veces se vieron nos llevó a un inapelable 3 a 0 que nos consagró campeones.
Faltaba el último partido. Con el título ya asegurado, mentan que vinieron algunas noches largas y movidas de los campeones. Tal circunstancia, unida a algunas ausencias permitieron al local Perú sacarnos el invicto. Perdimos 2-1. Pero ya la Copa América viajaba hacia la vieja casa de la calle Viamonte, no sin antes producirse en Ezeiza una recepción apoteótica.
Vendrían luego, tras desencantos, los 3 principales éxitos: la Copa de las Naciones en 1964, los Mundiales 1978 y 1986. Vendrían subcampeonatos que tuvieron perfiles muy halagadores como los de 1990 y 2014. Pero aquel Sudamericano de Lima fue tal vez la máxima expresión de un fútbol de virtuosos.
Un equipo cimentado en la firmeza de columnas defensivas como “Don Pedro del Área” Dellacha y Federico Vairo, el citado gran patrón de las canchas argentinas Néstor “Pipo” Rossi, la gambeta endiablada del que, para quienes ya peinamos muchas canas, mejor Nº 7 que pisó canchas argentinas: Orestes Omar Corbatta y tenía su máxima expresión en los célebres “3 carasucias”: Humberto Maschio, Antonio Angelillo y Enrique Omar Sívori. Una lesión le impedía a Sívori estar en algunos pasajes. Igual con lo que hacía le bastaba al apodado “Cabezón” para rayar a gran altura. Aparte, por si fuera poco, cuando él faltaba, aparecía un goleador de la dimensión de José Francisco Sanfilippo.
Era demasiado.
La performance  argentina tuvo resonancia mundial. Y del fútbol europeo vinieron a buscar a las estrellas más rutilantes. Racing vendió a Humberto Maschio en 5 millones al Atalanta, Boca a Antonio Valentín Angelillo en 5 millones al Inter y River en 10 millones a Enrique Omar Sívori a la Juventus. Fue el pase más caro del mundo y Sívori se constituyó para muchos en el mejor jugador que pisó canchas italianas. Deslumbró durante casi una década en Juventus y cerró su gloriosa carrera en el Napoli.
Un orgullo excesivo llevó a la AFA a no convocar a estos enormes jugadores para el Mundial de Suecia del año siguiente. Con un plantel cargado de años vino la debacle, fuimos rápidamente eliminados con un categórico 3-1 que nos propinó Alemania y un humillante 6-1 que sufrimos a manos de Checoslovaquia. Entre uno y otro partido se produjo el único triunfo, 3-1 sobre Irlanda.
El Mundial de Suecia fue el comienzo de un notorio bajón del fútbol argentino. Ya no estaban las figuras principales del equipo que conmocionó al continente en Lima.
Algunas porque siguieron su carrera en el Viejo Mundo. Otras porque para ellas había llegado el inexorable camino del ocaso. Ello tuvo particular incidencia en River Plate. Sin Sívori, sin recambio para hombres de la talla de Labruna, Rossi, Vairo, Prado pese a tratar de conformar grandes equipos y lograrlo a veces afrontaría una prolongada sequía de 18 años sin campeonatos.
Aquel  Sudamericano de Lima fue un hito. Porque nuestro fútbol había llegado a la cumbre tras sucesivos éxitos en las contiendas sudamericanas. Se agotaba una generación de eximios jugadores. Nuevos tiempos traerían aparejadas otras. Pero hace 60 años se abría un paréntesis.

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