martes, 31 de enero de 2017

2017: año de desafíos y obligaciones para el campo popular

Mauricio Epstejn—

Hoy por hoy

La nueva Alianza Cambiemos
Se puede afirmar, sin temor a errarle demasiado, que durante buena parte de la década cuyo fin se puede datar entre fines de 2015 y comienzos del 2016, los infaltables debates en familia o con amigos en las puertas del verano, giraban en torno a cómo y dónde pasar las vacaciones. Un tema que en la actualidad no ocupa el mismo lugar y no porque hasta ese momento el país viviera exento de tensiones y conflictos, sino por el carácter y la agudeza de los mismos, que no habían llegado al nivel que tienen hoy, en que para muchos casos literalmente el dilema pasa por la supervivencia, como se manifiesta con fuerza creciente a partir de mediados del año pasado, cuando se comenzaron a sentir con intensidad los efectos de las políticas que de entrada aplicó la gobernante Alianza Cambiemos, efectos que hasta ese momento fueron amortiguados y absorbidos por el colchón recibido como parte de la “pesada herencia” del gobierno anterior, y que aún conserva, aunque cada día más escuálido, buena parte de los trabajadores, sectores medios y pequeños y medianos empresarios, pero que ya consumieron en su totalidad los más postergados en la escala económico-social.
Sin embargo tal política todavía logra enmascarar su rostro más siniestro con la ayuda del efectivo aparato mediático y la indulgente miopía o simple complicidad de una dirigencia política y gremial que les facilita el camino hacia la total reconversión del país en función de los intereses del gran capital financiero internacional, un rostro que se mostrará al desnudo en caso de consolidarse la política macrista, proceso que ya sufrimos al cierre de 2001, plagado de represión y muertos, un anticipo de los cuales reaparece con las nuevas violaciones a los derechos humanos, la prisión de Milagro Sala y los palos, balas de goma y de plomo con que el gobierno responde a quienes protestan y resisten la ofensiva revanchista de la derecha, encabezada por el bloque económico, político e ideológico dominante.
De todos modos, lo llamativo es que, transcurridos catorce meses de gobierno macrista, las maniobras, personajes y prédicas de la derecha aún encuentran eco y consenso en importantes sectores de la población, entre las cuales, como lo señalan respetables encuestas de opinión, si bien cayó la simpatía hacia el oficialismo, la misma se mantiene alta y no se verifica un sensible desplazamiento hacia propuestas que cuestionen su esencia.

El desafío

Esta realidad inquieta a una parte de la dirigencia política y social del campo popular, en particular porque 2017 es un año electoral en que los tiempos juegan y apuran de modo decisivo, ya que el resultado de los comicios va a condicionar en buena medida el futuro de la Argentina e incluso de Sudamérica.
Y pesan porque el cronograma legal hasta octubre empieza en junio, cuando se cierran las listas y alianzas, y sigue en agosto con las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) de donde surgirán las candidaturas y listas para competir en octubre.
Mientras en ese espacio todos hablan de constituir un frente realmente opositor que permita alcanzar mayorías consistentes en ambas Cámaras para frenar la ofensiva de Cambiemos y abrir la perspectiva de que en 2019 este campo recupere el poder para que, corrigiendo los errores e insuficiencias de la anterior etapa, revertir la tendencia creciente a la decadencia nacional en que nos metió el bloque hoy dominante. Sin embargo, hasta ahora los pasos que se conocen en esa dirección son bastante tímidos respecto a los plazos que se encogen a diario y que exigen explicitar un claro proyecto político con propuestas superadoras, que vayan más allá de las conocidas críticas al neoliberalismo o la reivindicación indiscriminada de la anterior etapa kirchnerista, propuestas que entusiasmen a la militancia y al pueblo, para luchar por recuperar los votos perdidos y atraer a quienes en aquella oportunidad eligieron otras alternativas y candidaturas respaldadas por su mayor representatividad política y social, compromiso con el pueblo y probada moralidad económica, soslayando para ello la arbitrariedad de conformar listas de candidatos cuyo único aval sea el dedo.
Posiblemente uno pretenda demasiado para tan poco tiempo, pero vale la pena aceptar ese desafío e intentarlo.
En cuanto al frente, cualquiera que haya transitado por lo menos los bordes de la vida política sabe que los verdaderamente durables insumen mucho tiempo de construcción para lograr que confluyan colectivos e individuos diversos, que lo mismo implica establecer metas comunes para las distintas etapas y que, por lo tanto no todos coinciden en todo, por lo que la participación de algunos se puede agotar en la primera elección, que otros se pueden incorporar sobre la marcha, pero que conserva la unidad del núcleo de los impulsores originales, de los que aspiran hacerlo crecer y con quienes cabe esperar acuerdos más profundos, sin fecha de vencimiento, la perdurabilidad del Frente tiene garantía aunque en el trayecto haya debates duros, roces o chispazos amenazantes. Un frente también significa proponerse límites programáticos y formas de acción tanto a derecha como a izquierda. Y si a la
izquierda, según dijera Néstor Kirchner, está la pared, el de la derecha, por definición, debe ser más estricto, excluyendo a los individuos que, según revelaron los cables de Wikileaks y nadie desmintió, hubo funcionarios de gobiernos kirchneristas y actuales opo-oficialistas que, mientras integraban aquel gobierno concurrían sigilosamente a la embajada norteamericana para confesarse y lograr el perdón de la misma por conspirar contra el interés nacional. Eso no quiere decir rechazar el diálogo con tales personajes e incluso llegar a acuerdos circunstanciales sobre puntos específicos, teniendo siempre en claro con quien se trata. 

Incógnita para la deriva del Partido Justicialista

En cuanto al rol del Partido Justicialista, a su conducción formal, a su unidad ideológica, política y orgánica, está bastante claro que bajo esa sigla hoy se cobijan proyectos políticos y trayectorias personales que nada tienen en común. Van desde los que contribuyeron activamente al triunfo macrista y continúan inmutables en esa línea, hasta los que pasaron por esa etapa de modo vergonzante y ahora buscan que se les abra una puerta para pegar la vuelta, junto a los que enfrentaron la contingencia de manera decidida, lo siguen haciendo, e integran el mayor contingente de quienes propugnan la conformación de un frente nacional, popular y democrático en Argentina, con proyección hacia los homólogos del continente.
Está bastante claro que el modo en que el P.J. resuelva o no su conflicto interno, necesariamente influirá en el destino del frente del cual estamos hablamos y que cuando alumbre la nueva criatura después de tan prolongado parto, tendrá un futuro incierto, una de cuyas opciones, sin ser ineluctable, será conservar el nombre y hacer honor a la mejor tradición obrera y popular del movimiento originado el 17 de octubre de 1945.
Lo innegable es que si el P.J. quiere seguir siendo la principal organización política, popular por excelencia, deberá renovarse en contenido y forma entendiendo que el reclamo de “que se vayan todos”, no sólo estuvo dirigido hacia De la Rua y sus cófrades. Esa consigna no perdió actualidad porque aún no fue satisfecha la renovación profunda que reclama, no sólo del maquillaje, sino de todo el sistema político, judicial, jurídico e institucional, incluyendo el sindical, el empresario y el social.
Tal como están las cosas, si alguien debe hacerse cargo de impulsar hasta el final ese proceso que quedó trunco, a criterio de quien escribe esta columna (y está seguro de no ser el único), ningún actor lo podría hacer mejor que un Frente sobre el cual ya se empieza a debatir y que sería auspicioso tuviera su bautismo antes de las próximas elecciones para poder debutar a nivel nacional y servir de punto de referencia  y convergencia de todas las fuerzas democráticas, sobre todo en los principales distritos, ya que si el proyecto de Cambiemos se impone en octubre de 2017, las dificultades para revertir los daños serán mayores y la ofensiva de la derecha más revanchista por concluir el rediseño del país a su medida tendrá un carácter más brutal e implacable, como ya lo demuestran los intentos por gobernar el país por decreto, clausurando prácticamente el Congreso y respondiendo a balazos cualquier protesta. Entonces, el avasallamiento de toda legalidad será un hecho, como sucede en Jujuy, y abarcará al país.

Una luz de esperanza

En ese sentido es auspicioso lo que desde una mirada optimista se visualiza en la Provincia de Buenos Aires en cuanto a la búsqueda por construir una alternativa con poder real frente al oficialismo gobernante, alternativa amplia y superadora de los errores cometidos durante la vida del Frente para la Victoria. Los avances de esta construcción ya no surgen por mandato de un obsoleto verticalismo, sino a partir de los debates y acuerdos alcanzados entre iguales, que no significan ausencia de conducción sino una que se va desarrollando a partir del resultado y las consecuencias de lo anterior, donde los pergaminos individuales pesan de acuerdo a la consideración que merecen todas sus facetas, tanto las positivas como las negativas.

En este proceso no cabe duda que tiene un gran valor el reconocimiento fáctico de los errores que condujeron a la derrota de 2015, a partir de lo cual habrá que estar atentos ante el peligro de recaídas contra las que nadie está vacunado, porque si bien desde hace muchos siglos los filósofos sostienen que los errores son un instrumento básico en el camino hacia la verdad y por eso son una parte de ella, no se trata de hacer un culto de los mismos, sino aprender para no repetirlos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por participar, compartir y opinar