Mario Méndez—
Cuando salga esta nota, todavía estará a pleno la Feria Internacional del libro de Buenos Aires, en su edición número 40. Llena de gente, de un público que le es fiel año tras año, respaldada por las editoriales que, aunque pierdan plata o a lo sumo “salgan hechas” saben bien que en la Feria hay que estar; sostenida por los medios de comunicación masivos y auspiciada, con mucha publicidad y con presencia por el gobierno de la ciudad de
Buenos Aires, por el Estado Nacional que tiene su amplísimo stand y por instituciones de todo tipo, desde Aguas Argentinas hasta embajadas, delegaciones provinciales, municipales, y emprendimientos empresarios, la Feria, la multitudinaria Feria, seguirá su camino de éxito. Y estará muy bien. En mi caso, porque por más que, junto con otros escritores o editores, tengamos algunas quejas y lamentos zonzos o divertidos, a todos, casi sin excepción (me atrevería a asegurarlo) nos apasiona este lugar de encuentro, rodeado de libros.






