Cristian Emiliano Valenzuela Issac--
PRECEPTORES, LOS DOCENTES IGNORADOS es el título de una reciente obra de Leandro Montaña, jefe de preceptores en una escuela media de la Ciudad de Buenos Aires desde hace más de 20 años que decidió compartir reflexiones y experiencias sobre su rol escolar. El preceptor es historizado, desplegado y analizado. Pero la tensión en el rol existe, y a pesar del rastreo pedagógico de la figura del preceptor, Montaña lo llama hoy “el docente ignorado”.
“Yo voy a ser su preceptor”
El preceptor, ese profe de la escuela que no enseña ninguna materia. Quizás, el primer vínculo de los chicos que entran al Nivel Medio. Todo nuevo, la solemnidad de la institución escolar, el primer día de clases en la secundaria, ni la señorita ni el señorito, sino profesores. Y el que toma lista, el que dice a los chicos: “Yo voy a ser su preceptor”.
Toma lista, observa, está ahí, cada día. “¿Qué estudiaste para
ser preceptor?”, pregunta siempre el curioso joven. “No, yo soy profe de…”, y ahí el título es una variable contingente, que recorre el abanico de posibilidades que va desde el profe de informática hasta el profe de educación física, o de la maestra jardinera hasta la maestra de grado, o del profe de psicología hasta el psicopedagogo, o que se titula como un simple estudiante de un profesorado... “¿Y por qué no estás dando clases?”, y allí las respuesta pueden ser varías, pero la sensación de trabajo pasajero no escapa del imaginario escolar.